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Trekking al Valle de Langtang

El Valle de Langtang es la alternativa tranquila a las rutas del Everest. Se llega en coche desde Katmandú, sin depender de un vuelo a una pista de montaña ni de las ventanas meteorológicas que tantas veces cancelan Lukla, y el trekking es más corto y no sube tanto en altitud que el Campo Base. Es también uno de los valles con menos gente de todo Nepal, y al estar pegado casi a la frontera con el Tíbet conserva una sensación de aislamiento —de bosque, de glaciar, de pueblo pequeño— que ya cuesta encontrar en otras rutas del Himalaya nepalí.

Banderas de oraciones tibetanas con el macizo del Langtang Lirung al fondo
El Langtang Lirung, visto desde la ruta
Kyanjin Gompa, el último pueblo del Valle de Langtang
Kyanjin Gompa, el último pueblo del valle
Yak pastando en el Valle de Langtang
Yak pastando cerca de Kyanjin Gompa

Cómo se llega

El trekking empieza con un trayecto por carretera desde Katmandú hasta Syabrubesi: unos 122 km que se hacen en unas 6 horas, subiendo y bajando por colinas cultivadas en terrazas, cruzando valles fluviales y pueblos pequeños, con el asfalto dando paso a pista de tierra en el último tramo. Es un día de carretera de montaña, con curvas y alguna parada para estirar las piernas, pero sin la incertidumbre de un vuelo a una pista corta de alta montaña: se sube a la furgoneta por la mañana y, para la tarde, ya se está en el punto de partida del trekking.

El valle y Kyanjin Gompa

Desde Syabrubesi el sendero entra en un bosque de roble, rododendro y bambú —denso, húmedo, con el sonido constante del río Langtang abajo—, cruzando varios puentes colgantes hasta Lama Hotel (2.470 m). Al día siguiente, camino de Langtang Village (3.430 m), el bosque se va abriendo: primero claros, luego terreno de alta montaña, con los primeros glaciares asomando al fondo del valle.

Tras un día de aclimatación, el sendero cruza llanuras abiertas con pastos de yaks hasta Kyanjin Gompa (3.750 m), el último pueblo del valle. Ahí hay un monasterio centenario y, detalle que sorprende a casi todo el mundo, una pequeña quesería suiza —instalada aquí hace décadas por un proyecto de cooperación— que sigue produciendo queso de yak a mano, con las mismas técnicas de siempre. Después de días de dal bhat y té, probar ese queso recién hecho, con el Langtang Lirung de fondo, es de esos pequeños lujos que se recuerdan.

Qué hacer desde Kyanjin Gompa

Desde Kyanjin Gompa hay varias formas de subir más. La más corta es el Kyanjin Ri, un mirador de subida pronunciada pero rápida (3-4 horas ida y vuelta) con dos alturas: una primera a unos 4.300 metros y, siguiendo por la cresta, la cumbre a 4.773. La que opera Thin Air es más ambiciosa: el Tsergo Ri, a 5.150 metros, un día de cumbre largo y pedregoso, con el viento ya fuerte en los últimos metros, que recompensa con una vista de 360 grados de todo el macizo del Langtang.

Quien prefiere no subir más puede seguir el valle hacia el este, hasta Langshisha Kharka: una caminata mucho más llana, entre morrenas glaciares, con yaks pastando sueltos y, en los días despejados, el Shishapangma asomando al otro lado de la frontera, ya en el Tíbet. Es también donde más fácil es cruzarse con un águila real sobrevolando el valle en busca de presas — de las rapaces más grandes del Himalaya, y una de las postales menos esperadas del trekking.

Langtang también es el valle del terremoto de 2015: una avalancha provocada por el seísmo arrasó el pueblo y se llevó la vida de más de 300 personas, entre ellas buena parte de sus propios habitantes. La reconstrucción se hizo en gran parte durante el primer año, el monasterio de Kyanjin Gompa volvió a levantarse en 2018, y hoy el valle vive, en buena medida, del trekking — cada expedición que pasa por aquí apoya directamente a las comunidades que lo reconstruyeron, piedra a piedra.

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